Tapia de Casariego llora la muerte de la que fue gerente de la asociación Fraternidad (responsable del Centro de Apoyo a la Integración Villamil, de Serantes, y de la residencia para personas con discapacidad de la villa tapiega) durante 40 años, Inés Fernández. Entusiasta, comprometida y valiente. Tal vez son los adjetivos que podrían definir su personalidad. Según el propio colectivo, Inés Fernández fue «la impulsora incansable de lo que hoy somos».

La carrera de la fallecida, nacida en San Pelayo (Villayón) y vecina de Andés (Navia), dio inicio en 1982, «cuando en el Occidente asturiano no había nada para las personas con discapacidad intelectual y sus familias». «Con escasos recursos, pero una determinación inquebrantable, levantó lo que hoy es nuestra casa, nuestro proyecto común, nuestra familia Fraternidad», explica la actualidad dirección de la asociación tapiega.
Inés Fernández introdujo en la sociedad conceptos que entonces eran novedosos, hizo múltiples actividades para visibilizar la «normalidad» de la discapacidad intelectual y en el recuerdo quedarán las primeras actividades para fomentar la toma de decisiones autónoma de las personas con limitaciones intelectuales. «El objetivo es ir consiguiendo que, poco a poco, puedan decidir sobre su vida», dijo en 2010 tras poner en marcha talleres para trabajar precisamente esa meta.
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