Personas usuarias de la asociación visitaron las instalaciones de la protectora en Navia para protagonizar una campaña centrada en animales con discapacidades, problemas físicos o secuelas de experiencias traumáticas. «Todos podemos tener una discapacidad y eso no cambia lo esencial: sigue teniendo un corazón muy grande para compartir», reivindican.

La Asociación Fraternidad y la Protectora de Animales Occidente Astur han unido fuerzas en una campaña de adopción con un mensaje especialmente vinculado a la inclusión: poner el foco en aquellos perros que, por problemas físicos, discapacidades, edad, miedos o experiencias traumáticas, suelen encontrar más dificultades para conseguir una familia.
La iniciativa nació después de una primera visita realizada hace unos meses por miembros de la protectora a Fraternidad. Aquel encuentro sirvió para conocer de cerca el trabajo de ambas entidades y dejó sobre la mesa la posibilidad de volver a colaborar. Esta vez fueron Olimpia, Claudia, Esther, Sonia, Ana Belén y Serafín, por parte de Fraternidad, quienes devolvieron la visita desplazándose hasta las instalaciones de la asociación animalista en Navia.
Allí conocieron algunos de los perros que esperan una segunda oportunidad y participaron en la grabación de un vídeo destinado a favorecer sus adopciones. Entre ellos está Robin, que tras ser abandonado y adoptado, a los seis meses fue devuelto a la protectora, o Sultán, que está ciego de un ojo; o Tao, que tiene miedo a las personas desconocidas. También destacan Kaiser y Dana, dos perros mayores que han vivido juntos toda su vida y para los que se busca preferentemente una adopción conjunta; Dana es ciega, aunque la protectora destaca su capacidad para adaptarse. El mensaje que trasladan Claudia y Olimpia resume la idea que vertebra toda la iniciativa: «Todos podemos tener una discapacidad y eso no cambia lo esencial: sigue teniendo un corazón muy grande para compartir».

La propuesta busca establecer un paralelismo con una realidad que conocen bien en Fraternidad: que una discapacidad o una determinada condición no debe definir por completo a una persona ni convertirse en una barrera para participar plenamente en la sociedad. La visita a la protectora introduce ahora un nuevo ámbito de colaboración, esta vez alrededor de la adopción responsable y el bienestar animal.
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