
Diferentes empresas y ayuntamientos del territorio participan de una ‘merienda inclusiva’ en la residencia de Fraternidad, para aprender de las personas usuarios sobre las trabas de acceso al mercado laboral
Vanesa Lombardero regentó un quiosco en Ribadeo y estuvo al frente de una bocatería. Ahora un problema de salud la mantiene alejada de la vida laboral convencional, pero ya se ha encargado de encontrar una nueva ocupación, en este caso en el Centro de Apoyo a la Integración (CAI) de Villamil (Serantes). Allí restaura muebles junto a otros compañeros de la Asociación Fraternidad, un colectivo que reunió, este lunes, a una buena puñado de empresas y ayuntamientos de la zona para atajar una problemática invisible y crucial.
Los datos hablan por sí solos. En España viven más de 400.000 personas con discapacidad intelectual o del desarrollo y una de sus mayores dificultades es encontrar trabajo. En la actualidad, sólo tienen un empleo 2 de cada 10 personas con discapacidad intelectual, mientras que de cada 10 personas sin discapacidad trabajan casi 7.

Presentes también en la “merienda empresarial inclusiva” estaban Adán Fernández y Ángeles Gión, responsables de los programas de empleo en Fraternidad, además de Carlos Gómez, responsable del Área de Empleo de Plena Inclusión Asturias. “El objetivo del encuentro era muy claro: por un lado, sensibilizar sobre la importancia del trabajo en las personas con discapacidad, no como un favor o algo puntual sino como un derecho y una oportunidad real. Por otro lado, se trataba de analizar las dificultades a las que estas personas se enfrentan cuando intentan acceder al mercado laboral. Hay prejuicios, dificultades en los transportes públicos, falta de apoyos económicos, miedos y sobreprotección por parte de algunas familias e itinerarios formativos que no se adaptan a sus capacidades”, subraya Collado.
De la fuente directa, de personas como Lombardero, pudieron los participantes escuchar qué significa realmente buscar trabajo teniendo discapacidad. Lo sabe también Iván Corral, naviego que trabajó realizó sus prácticas laborales en un colegio de Madrid y que trabajó también en un huerto. La suya, como la de cualquiera, es una motivación basada en la independencia, y también en la idea de crear una familia.

A nadie extraña que una joven de 22 años quiera tener oportunidades y vida privada. Es el caso de Esther Crepachi, que actualmente se forma esperando encontrar un trabajo que le ofrezca independencia económica. Esther tiene discapacidad y también quiere tener el carnet de conducir. Algo necesario especialmente en la zona rural, donde el transporte público tiene, en general, bastantes limitaciones.


